El mayor peligro de la educación actual es tender hacia un sistema uniforme y controlado por el poder político de turno

Reproducimos a continuación un resumen del discurso pronunciado por Antonio Amate, reelegido Secretario General de la Federación de Enseñanza de USO, en la inauguración el 14 de junio, en el Colegio Mayor Fonseca, del VII Congreso de FEUSO. Del discurso, que abordó diferentes cuestiones educativas, como el posible Pacto de Estado por la Educación, seleccionamos varios pasajes, especialmente los que hablan de nuestro modelo sindical, de la libertad y pluralidad de modelos educativos y del papel que debe tener el Estado en la financiación y promoción de centros educativos.

Iniciamos nuestro Congreso en Salamanca y con él una nueva andadura. Para la Federación de Enseñanza de USO es una ocasión importante porque efectivamente, evaluamos y cerramos una etapa, y al mismo tiempo abrimos otra nueva. Inauguramos un proyecto sindical con el difícil e importante reto de llegar a ser el “sindicato de todos”, la casa común de todos los trabajadores de la enseñanza con independencia de su centro de origen, público o privado. Porque compartimos una vocación común, “todos educamos”, perseguimos el mismo objetivo, “prestar un servicio educativo de la mayor calidad”, y lo hacemos desde la misma profesionalidad y con la personalidad propia de cada red de centros.

Una pretensión de esta naturaleza, tan ambiciosa, parece muy alejada de la realidad, y posiblemente no podría desarrollarse de manera eficaz sin conseguir, como premisa principal, que la educación en España se estabilizara mediante un Acuerdo Básico (por no hablar de Pacto Educativo, término ya muy gastado) que zanjara definitivamente algunas cuestiones especialmente complejas, las más politizadas y polarizadas y concentrara sus esfuerzos en los elementos pedagógicos y profesionales, que son los que podrían actuar de forma más directa e inmediata sobre una mejora del sistema y de sus resultados.

 

En defensa de la libertad

La hipertrofia del Estado provoca en paralelo una presencia excesiva de lo público y un papel protagonista de lo público.

La centralidad de las familias en la educación de sus hijos es un elemento "impulsor, de progreso y de modernidad" para nuestro sistema educativo. Las escuelas están al servicio de las familias y así deben concebirse, no al revés; jamás deben doblegarse para quedar reducidas a ser meros instrumentos de cualquier ideología, por seductora y fascinante que parezca. La escuela plural, autónoma, heterogénea, ilustrada e innovadora es la mejor barrera contra las pretensiones de cualquier tiranía, también posible en un régimen político democrático.

El concepto de educación, el Estado y la Sociedad

Nos parece del todo oportuna una reflexión previa sobre el concepto de educación, pues, en función de la visión que tengamos de esta, entenderemos el papel que juegan en ella el Estado y la Sociedad.

Por su propia misión y significado, la educación, como proceso por el que el hombre llega a ser lo que es o como lo que humaniza al hombre, se configura en nuestros días como un derecho humano fundamental, que solo se puede desarrollar en libertad. Por ello, hablar de educación y de libertad viene a ser lo mismo. Queda claro algo esencial en la educación: la centralidad del sujeto que se educa. El educando es el auténtico protagonista de la educación. Es él quien puede conocer la verdad, decirla y vivir de acuerdo con ella.

Entender así la educación implica que el papel del Estado sea principalmente el de garante de ese derecho fundamental de la persona, llave de otros derechos. Por tanto, no cabe pensar en un exclusivismo por parte del Estado en la organización de la actividad educativa, so pena de atentar a las libertades fundamentales de la persona. El Estado aparece así al servicio de la sociedad y de la persona, como garante del orden social y de los derechos básicos y fundamentales. El principio de subsidiariedad, en su concepción más amplia, subordina la acción del Estado y la sociedad a la persona y a su perfeccionamiento, entre otros medios, a través de la educación.

 

El problema de la financiación

Junto a esta defensa de las libertades, la gratuidad real de las enseñanzas básicas y las preuniversitarias en toda la red de centros sostenidos con fondos públicos es una garantía de igualdad y de verdadero compromiso político y social de un país con la universalización del conocimiento y con la construcción de un pueblo libre y más culto. Sin una financiación justa y suficiente no es factible ningún programa educativo y se puede finalmente discriminar gravemente al alumnado según el tipo de centro en el que esté escolarizado, público o privado concertado. El Estado debe garantizar el derecho a la educación de todos, y desde una posición subsidiaria a la individualidad y a la iniciativa de la sociedad civil que se expresa mediante la creación de centros en torno a un proyecto educativo.

En la escuela pública, y en lo que se refiere a la autonomía escolar, su razón de ser radica en la necesidad urgente de los centros de enseñanza de obtener la capacidad para poder adaptar los proyectos educativos y gestionarse por sí mismos lo más ampliamente posible, facilitando así una mayor personalización de la enseñanza de acuerdo con la variedad de entornos sociales y las características personales de los sujetos educativos. Cuanto mayor es la presencia del Estado en una sociedad, se hace más necesaria una mayor autonomía de los centros escolares públicos para que éstos puedan cumplir con éxito su misión.

El mayor peligro es tender hacia un sistema uniforme y controlado por el poder político de turno; cada gobierno pretende imponer “su” reforma educativa porque cree que es mejor que la de los demás, en un vaivén permanente, agotador e ineficaz de reformas legislativas.

Antonio Amate Cruz

Secretario General

Federación de Enseñanza de USO.-